Max

Hoy Max me recibió con ladridos lastimeros, como ahora suele hacerlo.

Estuvo solo en la casa por unas seis horas, no suele ser bastante tiempo. Lo encontré empapado en orina y con excremento a un lado. Con mucho cuidado lo levanté, las manos se me llenaron de pelos y miados, pero ya le he perdido el asco a estas cosas.

Tan pronto lo deposité en el suelo, se fue de bruces dando un golpe seco contra las lozas del suelo. Lo intenté una vez mas, lo mismo. Luego una tercera, cuarta y quinta vez; siempre el mismo resultado, por más de mis cuidados. Así llegamos hasta el patio, donde a duras penas logró permanecer unos minutos en pie, suficientes como para terminar de mear.

Desde ayer sus patas delanteras le fallan también. Anoche casi no pude dormir porque me despertó varias veces, lo mismo hizo hoy al medio día y ahora en la noche de nuevo. Pronostico que hoy en la noche no durmiré demasiado.

Estoy muy preocupado.

Hoy mismo dos de mis mejores amigos me hicieron básicamente la misma pregunta: ¿será a caso que ha llegado su momento?

En ambas situaciones mi reacción no fue muy buena, aunque me queda claro que solo intentan ayudarme.

Me digo a mi mismo que el hecho de que me encuentro muy cansado, no es motivo para determinar si mi amigo sigue o no con vida.

Pero luego me pregunto: ¿y si de verdad ha llegado su momento y soy yo el que no quiere darse cuenta?

Max y yo hemos estado juntos por casi quince años. Somos como hermanos, a pesar de que es un perro. No sé que pensar, escribo esto solo para sacarlo de mi mente.

Mañana será un día nuevo.

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