La habitación de lo irreal

En cierto momento, de me di cuenta de que me hallaba perdido: me encontré en el interior de un edificio, el cual no pude reconocer. Los pasillos eran largos y estrechos, y estaban llenos de puertas a ambos lados, pero no eran rectos, sino daban vueltas a cada dos o tres pasos. Me cansé de recorrerlos, por no se cuantas horas, y la desesperación llego a mí y me hizo abrir una de las puertas. Cuando lo hube hecho, no tuve oportunidad de entrar, puesto que, en ese preciso momento, una figura alta y extremadamente musculosa atravesó la puerta y me miro a los ojos. Pasamos así un instante que se me hizo muy largo y, sin decir una sola palabra, me hizo entender que debía de seguirlo. No sabría como explicarlo, fue como si de pronto yo quisiera seguirlo, tal vez.

Esta figura, que por un momento me pareció que había salido de un cuento, dio la media vuelta y volvió a entrar en la habitación de la que había salido. Dio unos pasos más hacia el interior y luego volvió en si mismo y me dirigió una mirada amenazadora: supe en ese momento, sin lugar a dudas, que debía ir detrás de él. Antes de dar el primer paso, noté que su rostro comenzaba a ensancharse: los ojos parecieron saltarse de sus cuencas y cada uno de sus músculos pareció hacerse más grande. Se veía realmente intimidante, por lo que no tarde mucho en dar el primer paso en dirección hacia donde se encontraba este extraño personaje.

Cuando hube entrado a la habitación, esta figura volvió a dar la media vuelta y comenzó una loca carrera a través de otras puertas, que se hallaban siempre al final de una escalera; dirigiéndose hacia arriba. En un determinado instante, y tratando de recobrar el aliento, después de subir un sin fin de escaleras y cruzar otras tantas puertas, llegó a mi mente la idea de que este señor era de origen Alemán, por lo que, juntando todo mi aliento, le dije tan fuerte como me fue posible: “Wer bist Du? [¿quien eres?]”; y fue grande mi sorpresa cuando escuche su respuesta: “du musen mit mir kommen [debes venir conmigo]”, cuya voz me pareció como si se deformara a cada silaba, por lo que me resultó complicado comprender la última parte.

Entonces se detuvo, habíamos llegado a una habitación en donde se hallaban dos puertas, en rincones opuestos, cada una al final de su respectiva escalera. Me detuve detrás de él y, tratando de recobrar el ánimo después de mi experimento anterior, le pregunte: “können wir diese Tür durchlaufen? [¿podemos ir a través de esta puerta?]”, señalando una de las puertas que se hallaba a mi derecha. Esta figura, la que me pareció que ya no era ni tan alta ni tan fuerte, me contestó con palabras que ni siquiera pude comprender, dicho de otra manera, fueron una serie de sonidos informes, tras los cuales emprendió de nueva cuenta la marcha, subiendo por la escalera que se hallaba a su izquierda y, cuando hubo llegado a la cima, me miró instándome a seguirlo. Pasé apenas unos segundos tratando de entender lo que me había dicho, pero fui detrás de él.

Cuando hube atravesado la última puerta, nos encontramos ante una habitación enorme: parecía una bodega lóbrega, me sentí como en un callejón de mala muerte, por lo que comencé a sentirme verdaderamente mal. A mi izquierda pude observar un ducto cuadrado, de un metro de ancho y de alto aproximadamente, formado por muchos paneles de cristal también cuadrados, que recorría de un extremo a otro la habitación. Dentro de él había un líquido transparente y amarillento por el que circulaban cuerpos inertes de otras personas. Era una escena espantosa, y el miedo se apoderó de mí.

El ducto llegaba hasta un depósito oscuro más grande, que no tenía marca alguna, y por el cual, en la parte superior, salían otros ductos, muy similares al anterior, que se elevaban unos cuantos metros por la pared para luego desaparecer a través de ella. En ese instante, cuando mi mirada se fijaba en la parte más alta de uno de los ductos, me di cuenta de que mi mente estaba llena de pensamientos ajenos. Eran demasiados y no podía controlarlos, era como si llegaran a mi, pero ellos no se percataran de esto, pues, al mirar más detenidamente el cuerpo de una mujer que pasaba en ese momento por la parte más alta, escuche claramente su pensamiento: “me alegro de haberlo hecho, y no me arrepiento…”; tras lo cual, y por esto me di cuenta de que en la parte superior del ducto faltaba uno de los cristales que daban directamente hacia mí, el cuerpo se dobló y el cuello de la mujer quedó atrapado entre el marco de esta ventana, girando bruscamente hasta romperlo, emitiendo un sonido que me hizo estremecer. En ese momento, me di cuenta de que esos cuerpos aún tenían vida, y miré hacia la parte superior de los otros ductos. Lo que sucedió entonces me lleno de terror: cada una de las personas que llegaban hasta ahí, recibían la muerte de formas horrorosas. En el primero, el cuerpo de un hombre, joven y delgado, se contorsionó hacia atrás, formando un arco, y del pecho fue atravesado por una sierra circular que lo tiñó todo de rojo. No podría detallar las otras muertes, que me parecieron no menos terribles que las anteriores; sentí deseos de vomitar.

Tras recobrar el aliento, forzándome a mirar en otra dirección, descubrí que me hallaba parado sobre uno de esos extraños ductos, por lo que comencé a correr nuevamente tratando de bajarme de allí, saltando entre los recodos que habían más adelante -en los que ocurrían cosas igualmente horribles-, hasta llegar, finalmente, a la parte más baja de la habitación; en donde estaba parado, mirándome al rostro, mi extraño guía haciéndome una señal de aprobación.

Cuando me encontré en el suelo, por que al llegar caí de bruces y permanecí por un rato en esa posición; me levanté y noté que mi compañero había retomado nuevamente su camino, ahora mas tranquilo y recorriendo algunos de los puestos de alimentos que se hallaban más adelante. Nos encontrábamos en una habitación cuadrada, en donde, al centro de la misma, se hallaba un sin fin de puestos de comida y gente haciendo mucho barullo, ingiriendo cantidades increíbles de los alimentos más extraños que alguien pudiese imaginar.

Recorrimos los pasillos varias veces, hasta que me volví totalmente loco y, al hallar un hacha de mango largo -que tomé entre mis manos-, comencé a rebanar brazos y cabezas. La gente dejó de comer en ese momento y se levantó de sus asientos creando un ruido ensordecedor, tomando cuanta arma había cerca de sí. En un instante, nos encontramos rodeados y bajo amenaza de muerte. Pasó solo un instante hasta que tomé toda la comida que pude cargar con mis brazos, lo mismo que mi acompañante, y corrimos hasta un extremo de la habitación. Cuando llegamos ahí, nos dimos cuenta que ya habían dejado de perseguirnos y habían regresado a sus asientos a continuar su eterno banquete.

Nos encontrábamos ahora en el punto de partida. Mi compañero dijo algunas palabras, o mejor dicho, hizo algunos sonidos ininteligibles, aunque luego escuché en mi mente, como en una especie de eco, las palabras: “dieses ist keine Nahrung [esto no es comida]“, e inmediatamente después puso lo que tenía en las manos sobre el suelo y cada uno de los objetos se convirtió en un cachorro de perro: cada uno de diferentes razas y colores. No pasó mucho tiempo, hasta que comenzaron a devorarse unos a otros, mas esta vez no hubo sangre. Pasó un breve instante, mientras depositaba mis alimentos en el suelo y observaba que ocurría lo mismo que con los anteriores, hasta que comprendí y grité tan alto como pude: “en este lugar, todo es de la forma que uno quiere”; y después de eso todo se volvió blanco.

Entonces me desperté, abrí los ojos y miré con desesperación los cuatro rincones de mi habitación, tratando de descubrir si me hallaba, efectivamente, en mi hogar.

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2 thoughts on “La habitación de lo irreal

  1. Que sueño tan bizaro y sangriento.

    Cuando despertaste checaste los rincones de tu habitación, ¿también revisaste bajo la cama?, je, je, =P.

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