La mitad oscura

Primero lo vi parado bajo la lluvia, el cabello le colgaba por el rostro y la ropa se le pegaba al cuerpo. Era más de media noche y la calle estaba oscura y vacía, salvo por él, quien llevaba un buen tiempo parado en una esquina y empapado hasta los huesos. La única fuente de luz era un farol colocado a unos diez pasos de donde se encontraba, aunque la luz vieja y cansada apenas lograba dibujar su silueta.

Luego estaba parado bajo mi ventana. No sé cómo lo hizo, en un instante estaba allá y al otro estaba acá, o ¿será que siempre estuvo ahí y por alguna razón lo imaginé allá? Entonces me miró y sus ojos brillaron. Estaba oscuro y no pude observar su rostro, pero sentí su sonrisa tal como se siente una mirada en la espalda.

Me puse muy nervioso, el cuerpo se me puso helado y unas gotas de sudor bajaron por mi espalda. Las manos me temblaron, las encontré llenas de sudor y blancas como la leche. En ese momento lo escuché en mi oído derecho y luego en el izquierdo, como un susurro que se desplaza con el viento.

– Tú… me necesitas –dijo, con un siseo que se perdió entre el sonido de la lluvia.

¿Cómo necesitarlo si hacía que mis piernas quedaran dobladas por el miedo? Quise responder, decir algo cuando menos, pero mi boca se negó a hablar. Sin embargo, mi mente parecía tener otros planes.

Por último lo sentí detrás de mí como una sombra, como una mitad oscura que me dice cosas horribles al oído, envenena mis sueños y trastorna mis palabras. Lo siento a cada paso, colgado de mi cuello, arrastrando los pies en el pavimento. Se alimenta de mi cordura y se ríe mientras duermo.

Ayer le pregunté por qué lo hacía, quise saber si algún día me dejará en paz. Él puso sus manos en mis hombros y soltó una risa que me oprimió el pecho. Luego continuó como si nada de lo que pudiera decir le importara.

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4 thoughts on “La mitad oscura

  1. Excelente, me encanta esta literatura, y más esa forma que le diste, me aceleraste el corazón con cada imagen viva que describías.

    Un abrazo

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