La encrucijada del destino

Mis amigos más cercanos consideran que poseo memoria de elefante, ya que soy capaz de recordar muchas cosas. La verdad es que no puedo recordarlo todo, hay tantas cosas que se me escapan con una facilidad increíble; y tampoco poseo una memoria fotográfica, me encantaría poder tener algo de eso. Lo que si tengo, es facilidad para recordar las cosas que me gustan o que marcaron algo importante, aunque haya pasado mucho tiempo de eso.

Mi recuerdo más lejano data de al menos unos treinta y un años, cuando tenía un año y unos meses de edad. Recuerdo que estaba en una habitación con mi hermano menor, de unos meses de edad; él estaba dentro de la cuna, parado sobre un piano de plástico con forma de dinosaurio y apoyado contra el barandal; yo estaba fuera, pasándole de vuelta todo lo que arrojaba al suelo. Por alguna razón, me parecía divertido hacerlo.

Recuerdo también muchas cosas que en alguna otra ocasión platicaré, pero ya tienen el punto.

Una de las cosas que recuerdo y que vienen a mi mente todo el tiempo desde hace unos días, es un episodio de una de mis series favoritas: Avatar, La Leyenda de Aang. En él, Zuko acaba de enfrentarse ante Jet, un joven con un sentido bastante torcido acerca de la justicia. Por su cabeza pasan muchas cosas, pues él mismo ha dado caza al Avatar por años y ha sido cruel, pero ahora se encuentra con que él mismo es capaz de hacer bien. Sus dos yos se enfrentan en sus sueños y solo un Zuko ha de despertar. Su tío, el ex general Iro, le explica que está sufriendo una metamorfosis y que se encuentra ante la “encrucijada de su destino”.

Esta escena me gusta mucho, porque refleja un plano esencial del ser humano.

Hace unos días les platicaba acerca de un “cambio de paradigma”. Lo que en realidad ocurre, es que una vez más me encuentro en una encrucijada.

Las oficinas de desarrollo -en mi actual empleo- comenzarán a cerrarse en cuestión de meses. Claro que si le preguntan a los jefes, estos niegan al momento, pero ya es un secreto a voces. La verdad es que esto logró ponerme nervioso por varias semanas, en parte porque no estoy listo para cuando esto ocurra y otra parte porque no acabo de decidirme en lo que emplearé mi tiempo.

Mi parte racional, por llamarle de alguna manera, me pide que encuentre otro empleo. Mi parte aventurera me pide que dedique mi tiempo al cien por ciento a Zeion Software. Mi parte soñadora me pide que junte todo el dinero que pueda y me dedique a escribir, ya que, con un poco de suerte y tiempo, podría realizar eso que tanto anhelo.

Lo curioso del asunto es que ideas no me faltan. Ayer mismo, entre despierto y soñando, se me ocurrió una historia nueva, una idea que me ha encantado al punto de dedicarle hoy unas cuantas horas a conocer la situación mundial sobre la que se basa esta historia. No es de zombis, aclaro.

Poco a poco, esta aventura se va clavando en mi mente, al punto que me hace planear lo que podría necesitar para lograrlo. Por supuesto que se necesita dinero, y hasta tendría en algún momento la necesidad de vender a Rocco, esto como último recurso. Sé lo que están pensando, es arriesgar todo para llegar al premio mayor.

Es precisamente eso lo que me detiene.

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