Caballero pobre

El caballero pobre mira por la ventana y deja salir un suspiro. Lo alcanza y lo retoma desde el inicio, lo aspira lentamente y vuelve a suspirar de nuevo. Mira por la ventana porque no sabe hacer nada mejor. No se le ocurren más argumentos y las aventuras ya le tienen miedo, sin embargo, mira por la ventana para ver si encuentra alguna a la que pudiese salir al encuentro.

El caballero pobre ha perdido una ilusión, la dejó unos breves momentos y, al regresar, no encontró mas que lágrimas. Cuando las tomó entre sus manos, estas cayeron al suelo y se filtraron entre las piedras de la necedad, perdiéndose para siempre, mas una gota quedó bailando entre el borde más filoso de la piedra más angular, amenazando con saltar y nunca regresar. El caballero la tomó entre sus manos con mucha delicadeza y la depositó en uno de sus ojos, tratando de ver a través de la tristeza.

El caballero pobre ha dejado ya las burlas y el sarcasmo que le provocaban las personas. Ha decidido que es mejor reír por fuera que dar pena. Se disfraza y se cuela a una fiesta, en donde no baila ni ríe ni bebe. Toma su dolor y lo deposita en las copas de los invitados, esperando que con esto se diluya. Pero esto no funciona, porque cada gramo de dolor es reemplazado casi al instante con una gota de aflicción, misma que se evapora y se prende a sus pestañas, por donde se filtra y circula hasta llegar al corazón. Estando en este lugar, se hace sólida y se expande, convirtiéndose una vez más en dolor.

El caballero pobre ha encontrado que es mas fácil vivir si no se vive. Dice que es así como se pasan las mañanas, tardes y noches, sin una sola preocupación.

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